domingo 6 de febrero de 2011

#076

Era aquel rumiar la expectativa de que ella se entregara más, y como no lo hacía, era una decepción porque lo ralentizaba todo. Cruzara la frontera que cruzase, siempre había una nueva esperándola. Cada concesión que hacía aumentaba la exigencia, y luego el desencanto. Incluso en sus momentos más felices, siempre estaba la sombra acusadora, la penumbra apenas escondida de la insatisfacción de Edward, perfilándose como una montaña, una forma de tristeza permanente que los dos habían aceptado que era responsabilidad de ella. Quería estar enamorada y ser ella misma. Pero para ser ella misma tenía que decir no a cada paso. Y entonces ya no era ella. La habían arrojado al lado de la enfermedad, como la cara opuesta a la vida normal.
Chesil Beach - Ian McEwan